derecho a decidir: cuando quedarse también duele

Derecho a decidir

A nadie le gusta imaginar su muerte. Pero si lo hacemos, casi todos coincidimos en algo: que sea rápida, sin dolor, casi sin darnos cuenta.


Una muerte suave. Como si no fuera con nosotros.

Pero la realidad rara vez se parece a lo que imaginamos. Quien ha tenido la muerte cerca sabe que no siempre llega en silencio. Que, muchas veces, viene acompañada de dolor, de desgaste, de una despedida que se alarga más de lo que nadie querría.

Y, aun así, todos creemos tener claro cómo queremos enfrentarnos a ella.

Algunos deciden aguantar hasta el final, pase lo que pase. Aceptan las reglas del juego y permanecen en él hasta la última jugada, sin importar el precio.

Otros, en cambio, pensamos que no queremos sufrir más de lo necesario. Que la ciencia y la sociedad han avanzado lo suficiente como para evitar una agonía innecesaria. Que, si existe una forma de irse sin dolor, deberíamos poder elegirla.

Y, sin embargo, ambas posturas conviven. Porque, en el fondo, no hablan solo de la muerte.


Hablan de algo más incómodo: el derecho a decidir… incluso cuando esa decisión duele a los demás.


No todo el mundo tiene a alguien que le coja la mano al final. La soledad está mucho más presente de lo que nos gusta reconocer.


Y no todas las familias saben —o pueden— respetar una decisión que les rompe por dentro. Algunos luchan contra ella con todas las fuerzas que tienen. Otros, aun sin entenderla, deciden quedarse.

Acompañar lo que te rompe también es una forma de amor.

Por eso, cuando alguien toma una decisión así, quizá lo único honesto sea intentar mirar desde dentro. Desde ese cuerpo que ya no aguanta. Desde esa mente que no encuentra descanso.

Porque si existiera una salida menos dolorosa, cualquiera la elegiría antes que el final.


Pero hay casos —los menos— en los que no queda nada. En los que la muerte deja de ser un final y se convierte en una salida.

Porque, a veces, el cuerpo es una jaula y la mente, una enemiga.


Y quedarse… también duele.

Buen viaje, Noelia.

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