En una misma familia aristocrática británica convivieron una comunista revolucionaria, dos fascistas declaradas, una admiradora personal de Hitler, una novelista brillante y una duquesa ejemplar.
No es un cuento. Es la historia real de las hermanas Mitford.
Y también la prueba de algo inquietante, incluso bajo el mismo techo, las ideas pueden separarnos hasta extremos inimaginables.
Hijas de David Freeman-Mitford, segundo barón de Redesdale, crecieron en la aristocracia rural inglesa. Su infancia transcurrió entre normas estrictas, educación en casa y una visión del mundo profundamente conservadora. Un universo propio hecho de privilegio, aislamiento y excentricidad.
Pero el mundo, tarde o temprano, siempre entra por alguna grieta. Y cuando lo hizo, cada una eligió un camino distinto. Y su unión se rompió.
Seis hermanas, seis caminos.
Seis mujeres criadas bajo las mismas normas, con la misma educación y los mismos privilegios… acabaron representando posturas ideológica opuestas, hasta convertir su propia familia en un reflejo íntimo de un mundo en conflicto.
Pero entonces llegó la década de 1930. Y con ella, el momento en que la política dejó de ser una conversación de sobremesa para convertirse en una elección.
Nancy: la observadora
La mayor, Nancy Mitford, encontró una forma de ordenar el caos sin quedar atrapada en él. Escribiendo.
Se convirtió en novelista y alcanzó el éxito con obras como The Pursuit of Love, donde retrató, con una ironía elegante, la vida de la aristocracia británica.

Nancy observaba, escuchaba y después escribía.
Pero lo verdaderamente interesante es esto: su materia prima era su propia familia.
En sus novelas, sus hermanas se convirtieron en personajes: a veces caricaturas, a veces espejos incómodos.
Aquello generó tensiones, enfados y distancia. Y también algo más duradero: las convirtió en personajes eternos a través de la literatura.
En lo personal, vivió entre relaciones complejas y una sensación persistente de desarraigo. Pasó gran parte de su vida en París, lejos de Inglaterra… y, en cierto modo, lejos de todo.
Fue, quizá, la única que entendió algo esencial: no podía cambiar lo que tenía delante pero sí podía contarlo.
Pamela: la que se apartó
Pamela Mitford fue la excepción.
Mientras sus hermanas se inclinaban hacia la política o el escándalo, ella escogió
el campo, la rutina, la distancia.

Se casó con Derek Jackson, pero el matrimonio no prosperó y terminó en divorcio.
Después, desapareció prácticamente del relato público.
No dejó grandes discursos. No escribió libros. No defendió ideologías. Y sin embargo, su elección dice mucho. En una familia de extremos, Pamela decidió no participara y no tomar partido también es una forma de posicionarse. Aunque no haga ruido.
Diana: la coherencia incómoda
La historia de Diana Mitford es, probablemente, la más difícil de mirar de frente.
Bella, inteligente, magnética. Su primer matrimonio con Bryan Guinness la situó en el corazón de la alta sociedad londinense.
Pero todo cambió cuando conoció a Oswald Mosley, líder de la Unión Británica de Fascistas. Por él lo dejó todo. Se divorció, se alineó y terminó casándose con él en Berlín, en una ceremonia privada con Hitler como invitado de honor.
Una personas puede ser leal a una idea incluso cuando el mundo entero la ha condenado.

Durante la Segunda Guerra Mundial, ambos fueron encarcelados por el gobierno británico. Pero lo más inquietante es que nunca se retractó, ni cuándo conoció las consecuencias de la ideología que férreamente defendió, ni cuándo la historia ya había hablado. Diana no buscó redención, buscó coherencia y se mantuvo fiel a sus ideas hasta el final.
Unity: la caída
Si Diana representa la lealtad ideológica, Unity Mitford representa la pérdida de límites. No es que simpatizara con el nazismo, es que lo adoraba y lo necesitaba.
Se trasladó a Múnich con un objetivo claro: acercarse a Hitler.

Unity representa la obsesión, más allá de toda duda razonable.
Durante meses repitió rutinas, frecuentó los mismos lugares, insistió…
hasta conseguirlo. Entró en su círculo y se quedó en él.
En 1939, cuando Reino Unido declaró la guerra a Alemania, su mundo se rompió.
No pudo sostener la contradicción. Intentó suicidarse. Sobrevivió pero con graves secuelas neurológicas que la acompañaron hasta el final.
Jessica: la ruptura
En el otro extremo estaba Jessica Mitford. Desde joven sintió rechazo hacia su entorno, donde otras veían orden, ella veía asfixia.
Mientras algunas hermanas miraban hacia el fascismo, ella eligió el comunismo.
Pero no fue solo una idea. Fue una huida.

Se marchó de casa para casarse con Esmond Romilly, vinculado a la causa antifascista y a la Guerra Civil Española. Rompió, al mismo tiempo, con su familia, su clase y su origen.
Más adelante, en Estados Unidos, se convirtió en periodista de investigación.
Su libro The American Way of Death destapó abusos en la industria funeraria.
Jessica no cambió de opinión. Trató de cambiar el mundo.
Deborah: la que entendió el tiempo
La menor, Deborah Mitford, eligió un camino distinto. No rompió con su mundo, pero tampoco se limitó a conservarlo.
Se casó con Andrew Cavendish, duque de Devonshire, y asumió su papel dentro de la aristocracia. Pero hizo algo más: lo mejoró.

Deborah no fue la más ruidosa, pero quizá fue la más lúcida.
Transformó Chatsworth House en un espacio vivo, rentable, sostenible. Comprendió algo que muchas casas nobiliarias no supieron ver: la tradición no sobrevive si no evoluciona.
Un mismo origen, seis formas de mirar el mundo
Las hermanas Mitford no son solo una historia curiosa, son un espejo. Demuestra que el origen no determina el pensamiento, que la educación no determina el criterio y que una misma casa puede contener mundos irreconciliables.
Como si el siglo XX entero hubiera decidido concentrarse en una sola familia.

Tal vez por eso siguen fascinando, porque no hablan solo de política, hablan de algo más cercano, más incómodo. De cómo, incluso quienes comparten sangre, pueden abrir distancias imposibles de cerrar.
Y de cómo, a veces, la verdadera fractura no ocurre en el mundo, sino en la propia familia.

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