el asesino del golden state

Todo empieza en Visalia

Es final de verano en California. En las casas las ventanas están cerradas para evitar que el calor sofoque el descanso nocturno. En la calle hay silencio, como todas las noches, en este barrio residencial de Sacramento, en el norte del estado. 

En una de esas viviendas duerme un matrimonio con la seguridad de haber cumplido la rutina diaria de puertas cerradas y luces apagadas. Alguien ha estado observando esa casa durante días, ha estudiado horarios, entradas y las casas de los vecinos.

Dos noches atrás, aprovechando la ausencia de los propietarios, esa persona ha entrado para memorizar el plano de la casa. No hay alarma. Ha abierto cajones, los ha removido y ha sustraído un par de objetos pequeños sin valor económico. Desplaza algunos muebles, solo un poco, lo justo para saber si los dueños se dan cuenta. 

También ha descubierto que la puerta trasera está abierta. Por ella ha entrado esta noche con un pasamontañas que oculta su rostro y guantes para evitar dejar huellas dactilares.

No entra para robar.

No entra para matar.

Entra porque puede.

Entra porque quiere.

Dirige el haz de su linterna directamente hacia la cara de la mujer, que se despierta lentamente sin entender lo que sucede. Él la saca de la cama sin esfuerzo, aprovechando su confusión. Llama al marido y le insta a guardar silencio. Obliga a la mujer a atarle bajo la amenaza de un cuchillo en su garganta.

“Si gritas, te mataré. Y yo me iré en la oscuridad”, le dice y se asegura de su inmovilidad colocándole unos platos sobre su cuerpo paralizado por el miedo, si los oye moverse, anuncia, acabará con los dos. Se lleva a la esposa a otra habitación y abusa de ella. Permanece en la casa el tiempo suficiente para asegurarse de que el miedo no desaparezca con la luz del amanecer. 

No es un hecho aislado, forma parte de un patrón.

Joseph James DeAngelo lleva meses asaltando casas en California. Entre 1974 y 1975, en la ciudad de Visalia se registraron más de 100 robos en zonas residenciales. La policía lo apodó como el Saqueador de Visalia

En septiembre de 1975, Claude Snelling recibe un disparo mientras intenta proteger a su hija de un intento de secuestro. Muere a consecuencia de la herida. Es el comienzo de una nueva escalada de crímenes. 

El Violador de la Zona Este

Entre 1976 y 1979, DeAngelo comete una serie de delitos sexuales que le llevan a ser conocido como el Violador de la Zona Este. Las autoridades aún no saben que el Saqueador de Visalia y él son la misma persona. 

Se le atribuyen más de 50 delitos en este periodo. Su modus operandi incluye la entrada nocturna en viviendas ocupadas, la inmovilización de las víctimas y un control prolongado de la escena. En algunos casos realiza llamadas posteriores, incluso muchos años después del ataque, demostrando así su afán de dominación.

Jane Carson Sandler es atacada en 1976. Durante años vive con la certeza de lo ocurrido y con la ausencia de un nombre. En 2020 declara en el juicio contra DeAngelo. Habla no sólo de aquella noche, también del tiempo posterior, de cómo el miedo puede quedarse en el cuerpo, incluso cuando la vida avanza.

El sur de California

Mientras el norte de California intenta adaptarse al miedo, los ataques se desplazan a otra zona. A partir de 1979, el rastro se mueve al sur del estado. El agresor pasa a ser conocido como Acosador Nocturno Original. El patrón conserva elementos reconocibles, pero las consecuencias cambian. Se le atribuyen 13 asesinatos en esta etapa.

Lyman y Charlene Smith son asesinados en su domicilio de Ventura. Es uno de los primeros casos letales del sur. Confirma que la violencia ha alcanzado un nuevo nivel. 

En mayo de 1986, Janelle Cruz, de 18 años, es asesinada en Irvine. Es considerada la última víctima confirmada del caso. Tras este crimen no se registran nuevos ataques vinculados al mismo autor. 

El silencio

La tranquilidad se instala en la región durante los siguientes treinta años. Lo inquietante de este silencio es que confirma que el asesino sabe parar. Pero no quiere. Sus crímenes no se deben a un arrebato. Son una elección.

Durante décadas, las víctimas viven sin saber quién ha irrumpido en sus casas. Sus vecinos se organizan en patrullas vecinales, refuerzan sus puertas y ventanas e instalan alarmas en diferentes zonas de California. Sufren el terror de lo que consideran tres tipos distintos de ataques, perpetrados por tres delincuentes que no tienen relación entre sí. 

La identificación

Con el avance de las técnicas de ADN, los casos del norte y del sur  son unificados bajo un mismo perfil genético. La genealogía genética permite, finalmente, identificar a un sospechoso a través de familiares lejanos. 

Michelle McNamara, escritora de crónica negra que mantuvo viva la investigación y la búsqueda de este delincuente, acuñó para él el término el Asesino del Golden State, con el que se le conoce actualmente.

El 25 de abril de 2018 es detenido por la policía de Sacramento Joseph James DeAngelo de 72 años, ex agente de policía que ha vivido durante décadas sin ser identificado públicamente como responsable de los crímenes. Se le acusa de seis cargos de asesinato en primer grado, basados en evidencia genética.

El juicio

El 29 de junio de 2020 comienza el juicio. Durante el mismo, intenta hacer ver que es un anciano sin fuerzas, muy enfermo, con problemas para entender lo que ocurre. Las cámaras instaladas en su celda demuestran que miente, que está en pleno uso de sus facultades mentales y físicas.

El Saqueador de Visalia

El Violador de la Zona Este

El Acosador Nocturno Original

El Asesino del Golden State

Todos ellos eran

Joseph James DeAngelo

Numerosas víctimas y familiares declaran en este juicio. No todos hablan del agresor, muchas hablan de sí mismas, del tiempo perdido, del miedo, de su resiliencia.

La condena

Finalmente, el viernes 21 de agosto de 2020 es condenado a once cadenas perpetuas consecutivas sin libertad condicional, por 50 violaciones y 13 asesinatos que confiesa para evitar así la pena de muerte. 

Cuando el juez le da el turno de palabra dice: “He escuchado todos sus testimonios, cada una de ellos. Y lo siento mucho por todos los que he lastimado”.

Actualmente cumple condena en una cárcel de California, el estado en el que tuvo aterrorizados a sus vecinos durante más de una década. 

El silencio volvió. 

Las casas siguen cerrando sus ventanas cada noche. 

Y, por las mañanas, el sol de California sigue filtrándose por las ventanas.

Las ideas se debaten. Este rincón se cuida con palabras amables.

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